miércoles, 7 de noviembre de 2018

DISMINUIR TENSIONES Y AVANZAR


Jorge Gómez Barata

La hostilidad, incluida la amenaza militar, el bloqueo económico, y las acciones subversivas, durante casi sesenta años han constituido la política oficial de los Estados Unidos contra Cuba que, con notable asimetría, resiste y proclama su disposición para el diálogo y la normalización de las relaciones.

De los 12 presidentes estadounidenses que desde 1959 a la fecha han encabezado 18 administraciones (seis han sido reelectos), solo James Carter, (1977-1981), y Barack Obama, (2009-2017), asumieron posiciones relativamente receptivas que fueron correspondidas por el liderazgo cubano, y permitieron avanzar en la dirección de la normalización.

En 1977, con James Carter, mediante rápidas negociaciones se dio un importante paso al establecerse secciones de intereses en Washington y La Habana. El que más avanzó fue Barack Obama, único presidente estadounidense que ha tratado con respecto al gobierno cubano y sus líderes, conversó con el presidente Raúl Castro, restableció las relaciones diplomáticas, visitó la isla, y se declaró partidario de levantar el bloqueo.

Consecuente con sus puntos de vista, aun sin respaldo del Congreso de su país, en 2016, ante la tradicional y legítima acción de Cuba que anualmente presenta ante la Asamblea General de la ONU una resolución que insta a Estados Unidos a poner fin al bloqueo, el presidente Obama instruyó a la representación de su país a abstenerse, con lo cual evitó la polémica con la Isla, e implícitamente reconoció la validez de su gestión.

Como es conocido, al ser electo presidente, Donald Trump, en una actitud inconsecuente ante políticas de estado y compromisos oficiales contraídos por su país, dio marcha atrás a algunos de los avances en la normalización de las relaciones con Cuba alcanzados bajo la administración de Barack Obama, entre ellos algunas medidas que significaban el aflojamiento del bloqueo.

Existen comentaristas que atribuyen estos retrocesos a concesiones a sectores de la ultraderecha en la política de Miami, tradicional bastión de la contrarrevolución cubana, que ahora encabeza el senador Marcos Rubio, que han desplazado al Departamento de Estado y secuestrado la política de la administración hacia Cuba. Ese sector cuenta con el apoyo del ultra reaccionario asesor de seguridad nacional John Bolton. 

En el presente año, la tradicional y justificada acción cubana de acudir a la Asamblea General de Naciones Unidas para promover un pronunciamiento de la comunidad internacional sobre la base del apoyo a la resolución referida puntualmente a la “Necesidad de poner fin al bloqueo de Estados Unidos a Cuba”, el Departamento de Estado concibió una extraña maniobra basada en tratar de introducir ocho enmiendas a la resolución cubana, lo que dio lugar a otras tantas votaciones, todas las cuales fueron rechazadas por abrumadoras mayorías.

La idea de las enmiendas, algunas de ellas francamente irrelevantes, y otras alejadas del objetivo de la resolución, fue la de crear confusiones, y mediante espurias formulaciones, alterar la naturaleza de un documento apoyado por casi ciento noventa países, el cual solo se refiere a la necesidad de poner fin al bloqueo, que constituye una política ilegal, injusta, y criminal. 

En todo caso, el absurdo ejercicio que no aportó absolutamente nada a la política de los Estados Unidos, dio lugar a un incremento de la retórica ejercida por decenas de países, grupos regionales, y organizaciones internacionales, que como el Movimiento de Países no Alineados, el Grupo de los 77+China, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELEAC), y la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que, a pesar de las presiones, instaron a Estados Unidos a por poner fin a tan absurda e inhuman práctica.

Entre tanto Cuba disfruta de su victoria, aunque, como han expresado Fidel y Raúl Castro, así como el actual presidente Miguel Díaz-Canel, preferirían dialogar para construir una nueva relación bilateral. El próximo año habrá que volver a la ONU, para por vigésima octava vez, repetir el ejercicio. ¡Ojalá no sea necesario! 

Falta un año, tiempo suficiente para que la parte razonable de la administración, que debe haberla, se percate de que la actual política, especialmente la persistencia del bloqueo, aísla a Estados Unidos, alejándolos de una solución del caso cubano, y enajena al presidente de una parte de la comunidad cubana en Florida y del pueblo estadounidense que no apoya las políticas extremas. Cuba resiste, aunque prefiere avanzar. Allá nos vemos.

La Habana, 05 de noviembre de 2018

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