viernes, 16 de noviembre de 2018

EL LARGO CAMINO DE UNA ENMIENDA


Jorge Gómez Barata

Según cuentan, mientras redactaba la Constitución de los Estados Unidos, John Adams, que luego sería el segundo presidente del país, recibió de su esposa Abigail Adams, una carta en la cual lo emplazaba: “Espero que no se olviden de las mujeres” …No fue escuchada. La Carta Magna no las mencionó. El desdén dio lugar a diversas expresiones de insatisfacciones y descontentos, en particular al movimiento sufragistas.

El movimiento a favor del sufragio femenino en Estados Unidos alcanzó identidad nacional desde que, en 1884, se efectuó en Seneca Falls, Nueva York, una convención sobre derechos de la mujer, en particular al sufragio. El movimiento adquirió mayor relieve cuando en 1870 se adoptó la 15º Enmienda que estableció: “El derecho de los ciudadanos de los Estados Unidos a votar no será negado o disminuido… debido a raza, color, o condición anterior de servidumbre”. Las mujeres fueron otra vez relegadas.

Como resultado de las luchas feministas se obtuvieron victorias sufragistas parciales. Entre 1869 y 1917 varios estados concedieron el voto femenino, pero, las sufragistas querían más. Finalmente, en 1920, por fin el Congreso aprobó la 19ª Enmienda que estableció que: “Ni los Estados Unidos ni ningún otro Estado deberán negar o limitar el derecho de los ciudadanos a votar por motivo de sexo”.

Ilustradas y sofisticadas y también muchas veces ignoradas, las mujeres estadounidenses comprendían que el derecho al voto no significaba emancipación, de ahí que la lucha continuara y se planteara metas más altas. En 1923, en el 75 Aniversario de la Convención de Séneca Falls, Alice Paul sometió al Congreso una Enmienda a la Constitución conocida como Enmienda de Igualdad de Derechos, cuyo texto pretendió establecer que: “La igualdad de derechos ante la ley no puede ser negada ni restringida por los Estados Unidos o por ningún Estado por motivos de sexo…La propuesta no fue considerada.

No obstante, el texto se introdujo en todas las sesiones del Congreso entre 1923 y 1972, año en que con el apoyo del presidente Richard Nixon fue aprobada por la Cámara de Representantes que la envió a las legislaturas estatales las cuales le hicieron los honores de la gaveta. En 1980 al expirar el plazo para depositar los instrumentos de ratificación, se consideró no adoptada.

En el contexto de aquel debate, el juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos Antonin Scalia comentó: “La Constitución, sin duda, no protege contra la discriminación por razón de sexo. El único interrogante es si la prohíbe. Pero no es así”.

Desde entonces, en varias ocasiones, la Enmienda ha sido reintroducida y a pesar de no haber sido adoptada, actualmente 16 de los cincuenta estados han aprobado leyes que garantizan jurídicamente la igualdad de la mujer y, en unos más que en otros, se han concedido prestaciones a madres solteras y otros beneficios reclamados por el movimiento feminista que sueña con una mujer presidenta. Hillary Clinton estuvo a punto de lograrlo y quizás lo intente en 2020.

Existe otra enmienda que no llegó a ser adoptada y que tal vez sea el as en la manga del presidente Trump. Luego les cuento. Allá nos vemos.

La Habana 15 de noviembre de 2018

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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por esto!

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