martes, 15 de mayo de 2018

LA TENEBROSA HISTORIA DE LOS HERMANOS KOCH


Por Manuel E. Yepe

Al llegar Mike Pompeo en 2010 al Congreso se le llamó “el congresista de Koch” por el monto del aporte del conglomerado industrial de los Hermanos Koch a su campaña electoral. Ahora, al ser aprobado por el Congreso como Secretario de Estado, varios medios consideran que ya los Hermanos Koch tienen su propio Secretario de Estado.

Cuando se conversa con un estadounidense de cualquier militancia partidista, acerca de alguna medida o proyección de política interna o externa de su país, resulta inevitable que se mencione, de una u otra forma, la influencia que en ella tienen, o puedan tener, “los hermanos Koch”.

A raíz de su confirmación como nuevo Secretario de Estado, la mayoría de los medios de prensa estadounidenses ha identificado a Mike Pompeo como “el congresista de Koch” o “el hombre de los hermanos Koch”.

Pero fuera de las fronteras estadounidenses los hermanos David y Charles Koch no son tan conocidos Pese a que no figuran entre las autoridades principales de la nación, hay razones fundamentales para esto. Ellos dos, juntos, suman la tercera mayor fortuna del país (sólo Bill Gates y Warren Buffet les superan). Entre los dos hermanos facturan al año más de 100.000 millones de dólares y su conglomerado industrial es el segundo mayor del país, detrás sólo del grupo Cargill. En el 2010, fue nombrado como el décimo más contaminante de EEUU por el Political Economic Research Institute de Massachusetts.

Su influencia en materia política puede calcularse por el hecho de que ellos han inyectado en la última década alrededor de 200 millones de dólares a las causas más ultraconservadoras y ello apenas trasciende a los medios.

Los Big Brothers, como popularmente se les conoce, niegan su vínculo directo con el Tea Party y procuran mantenerse invisibles desde su cuartel general en Wichita, Kansas, en el corazón de la América profunda. Desde allí, los Koch han extendido el imperio petrolero heredado de su padre, Fred, tramando formas de influir en la política norteamericana sin que se note demasiado, mediante una red de grupúsculos y fundaciones que ellos han creado.

Aunque no lo proclamen como un éxito propio, la fundación Americans for Prosperity, creada por David Koch en el 2004, fue el verdadero organizador de la revuelta del Tea Party. Una de sus fantasmagóricas ramificaciones, United Patients Now, organizó más de 300 actos “populares” contra la reforma sanitaria Obamacare y otros 80 para boicotear sus leyes climáticas.

El auténtico precursor del fenómeno de los Hermanos Koch fue su padre, Fred Koch, quien hace medio siglo advirtió sobre los riesgos de "un presidente comunista", fue un detractor del New Deal de F. D.

Roosevelt y denunció "la infiltración de comunistas" en los Partidos Demócrata y Republicano. Sus hijos heredaron, además de su fortuna, su credo libertario.

Charles, de 74 años, siempre fue el más discreto. David Koch, de 70 años, hizo una desafortunada incursión en la política en 1980, compitiendo con Ronald Reagan, a quien veía como un peligro. David se presentó como candidato a la vicepresidencia por el Partido Libertario en candidatura encabezada por Ed Clark. Entre sus promesas electorales “libertarias” figuraban la supresión del FBI y la CIA, eliminación de la Seguridad Social y el Salario Mínimo, la desregulación sería total y habría una drástica reducción de impuestos. El Gobierno quedaría reducido a "proteger los derechos individuales". Lograron el 1% de los votos.

Cuatro años después, visto que Reagan se apropió de parte de su ideario, David Koch se hizo oficialmente republicano y arrastró a su hermano por la misma senda.

El menor de los Koch sufrió una segunda iluminación en los años noventa, cuando sobrevivió milagrosamente a un accidente aéreo. Se reinventó a sí mismo como filántropo del 'American Ballet Theater' y creó el grupo 'Citizens for a Sound Economy', para seguir defendiendo desde la sombra sus multimillonarios privilegios.

Luego creó Americans for Prosperity (AFP), definida como una organización de "líderes de base a favor del gobierno limitado y el mercado libre". No podía respaldar abiertamente a candidatos, pero invirtió 45 millones en apoyo a las causas conservadoras en las elecciones del 2 de noviembre.

Según la periodista Jane Mayer del New Yorker, en el primer aniversario de la presidencia de Obama, el multimillonario David Koch se puso sigilosamente al frente de la “revolución popular” al dar a conocer que "Cuando creamos Americans for Prosperity (AFP),  teníamos en mente un movimiento de masas, estado a estado, con cientos de miles de americanos luchando por las libertades económicas que hicieron de esta nación la más próspera de la historia"...

La Habana, Mayo 15 de 2018

Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.

Partido independiente de color: en la trampa de la fraternidad racial (I)

Primera Parte

Esteban Morales • La Habana

Foto Cubadebate

A modo de introducción

Me correspondió presentar el libro del reconocidísimo historiador Rolando Rodríguez, Premio Nacional de Ciencias Sociales. Fue un honor, y lo seguirá siendo, el que me haya solicitado esa tarea, que no soy su amigo íntimo ni tampoco historiador. 

Lamentablemente, circulan opiniones de que se trata de “un libro equivocado”, siendo esta una calificación muy seria y sobre todo excesivamente arriesgada —yo diría que aventurera— para calificar una obra que cuenta con un cúmulo de documentación original que no creo posea nadie más que el autor de la obra. Tuve acceso a ella para hacerme de mis propias interpretaciones y, quien desee superar la obra del compañero Rolando deberá, al menos, tener a la mano esa misma documentación. 

Más que hablar mucho del libro, con las licencias que la presentación de una obra nos permite, lo más que hice fue inspirarme en él, pues lo considero ciertamente inspirador para continuar investigando dentro de un tema en el que no creo que nadie pueda tomarse la atribución o hacerse la ilusión de haber dicho la última palabra. 

Quedan muchos espacios oscuros en nuestra historia y este, referido a los Independientes de Color, es uno de ellos. Rolando Rodríguez, por su parte, aportó información de la que es posible haber oído hablar, pero que nadie consultó como el autor. 

Es cierto que el tema levanta muchas pasiones, no se quisiera tirar sobre los Independientes la más mínima crítica, al punto de que yo mismo hubiera deseado que algunos documentos no existiesen; pero existen y hay que enfrentarse a ellos porque la ciencia exige, primero que todo, honestidad ante los hechos y valentía para enfrentarlos, aun cuando es posible equivocarse. Los que me conocen saben muy bien que no soy dado a las concesiones. 

Literatura no es ciencia, aunque pueden hacerse ambas a la vez. Pero si se quiere que las cosas vayan más allá de la ficción, los documentos y su interpretación son una condición ineludible para no caer en la subjetividad; aunque, cuando de interpretaciones se trata, los documentos tampoco son la varita mágica ni el tridente de Neptuno. 

Por eso reitero que el libro de Rolando Rodríguez es una obra inspiradora y quien desee superar ese escalón, que es la forma en que la ciencia avanza, lo que debe hacer es publicar una obra mejor, más fundamentada en la información y no pretender descalificarla solo en un puñado de cuartillas. 

Mi interpretación 

La intervención norteamericana, a partir de 1898, no solo expulsó al Ejército Español de la Isla, sino que comenzó un intenso proceso de restructuración (norteamericanización) de la vida cubana, dentro del cual, sin duda, los no blancos apenas tenían cabida. La definición del cubano, como hombre blanco, dada por José A. Saco, comenzaba a ser aplicada por los gringos casi con precisión matemática. 

Según el censo de 1907 Cuba tenía 2 048 980 habitantes. De ellos 274 272 negros y 334 695 mulatos. Ambos representaban el 29% de la población. A pesar de todos los esfuerzos realizados para poner requisitos que limitaran la posibilidad de su participación política, la temprana aprobación del sufragio universal masculino permitía que aproximadamente un 30% de la población no blanca pudiera ejercer el voto, por lo que, paradójicamente, los no blancos devenían un sector muy codiciado por los partidos políticos de la época[1]

Sin embargo, las condiciones bajo las cuales los negros y mestizos debían hacer uso del derecho que les asistía, no les eran nada favorables. Lo cual se expresaba, entre otros fenómenos, en que las múltiples promesas de que eran objeto durante los procesos electorales por parte de los líderes de los partidos tradicionales: Liberal y Conservador, una vez concluidos los comicios, tales promesas se diluían, y los negros y mestizos retornaban al “cuarto de desahogo” hasta las próximas elecciones. 

Las razones que explicaban ese comportamiento tienen sus raíces a partir del lugar que históricamente les correspondió a negros y mestizos dentro de la sociedad colonial cubana. Situación que una participación en las Guerras de Independencia les ayudó a superar bastante, pues una inmensa masa de ellos, la mayoría dentro del Ejercito Libertador, ganaron prestigio por su valentía, arrojo y sacrificio, por lo que se hicieron indiscutibles al finalizar las contiendas por la independencia. Muchos negros y mestizos disfrutaban de una autoestima que nadie se atrevía a discutirles abiertamente. 

Sin embargo, las autoridades interventoras norteamericanas no tuvieron en cuenta para nada tales méritos y al organizar la República, a los negros y mestizos se les vio casi al margen de la distribución del poder. Los norteamericanos, para organizar la República a su antojo, prioritariamente se apoyaron en los generales blancos, los autonomistas (en su inmensa mayoría blancos también), en los hombres de negocio españoles que se quedaron en Cuba y en el Ejército Norteamericano de intervención. Los negros y mestizos, prácticamente, apenas algunos estaban en la Guardia Rural que se organizó, el nuevo ejército, la policía y el cuerpo de marina y de artillería, que finalmente organizó el entonces presidente José Miguel Gómez[2]

Cientos de hombres fogueados en las guerras, con méritos más que suficientes, cuando lograron ocupar alguna posición, lo hacían solo en los puestos más desfavorables, de los más miserables salarios y con los grados más bajos, si es que lograban formar parte de algunos de los cuerpos militares.  

El racismo importado por los interventores yanquis, ligado al ya existente, se encargó de excluir a los negros de las posiciones de poder y de los puestos mejor remunerados. Una principal demanda de los negros era que se les diera más puestos de trabajo en el gobierno. Pero, “según el censo de 1907 había 205 empleados en el gobierno, de los cuales solo 11 eran negros” (Fermoselle p.83)[3].  

También los negros alegaban ser discriminados en las fuerzas armadas, donde de 8 238, solo 1 718, o sea el 28%, eran negros (Ob. Cit. p.83). Habiendo sido mayoría en el Ejercito Libertador, apenas ocupaban espacio dentro del nuevo ejército y el resto de los cuerpos armados. 

Entre la población de más de diez años, el 54,9% de los negros eran analfabetos, mientras los blancos apenas llegaban a un 38%. (Fermoselle p.83). 

Otras cifras sirven para denotar la baja participación de los negros en actividades de prestigio social, pues el número de profesionales negros también era muy reducido. Tal y como podemos ver en los datos siguientes: 

-          De 1 349 abogados, solo 4 eran negros.

-          De 1 343 médicos, solo 9 eran negros.

-          Negros había: 40 dentistas, 14 ingenieros, 5 veterinarios y 15 arquitectos. 

Excepto para el caso de la industria del tabaco, la queja de los negros estaba justificada, pues de 27 503 trabajadores solo 10 485 eran negros. 

La inmensa mayoría de los negros estaban empleados en la agricultura, fábricas de industrias mecánicas y también ocupando masivamente los servicios domésticos, todas actividades de las más bajas remuneraciones. (Fermoselle, p.83-84) 

Junto con ello, había comenzado a llegar a Cuba una inmigración blanca española, favorecida, que hacía aún más difícil la situación a los negros y mestizos para encontrar buenos empleos[4]

Entre la frustración acumulada por muchos independentistas al finalizar la guerra, la amañada y desequilibrada distribución de poder llevada a cabo por los norteamericanos durante la intervención, la traición de algunos viejos independentistas y el especialmente discriminatorio tratamiento dado a la población negra y mestiza, el ambiente social no careció de enrarecimiento, para que muy pronto comenzaran a aparecer las primeras señales de un descontento que trajo la emergencia de los atisbos de que un movimiento negro nacionalista se estaba organizando. En diciembre de 1906 afloraban los rumores de que los negros estaban descontentos con el Partido Liberal. El ambiente político ponía de manifiesto claramente en qué consistían y dónde residían las inconformidades de los negros y mestizos, las que se expresaban a través de varios llamamientos que veían la luz en el propio año de 1907. 

Entre ellos, el 3 de julio de 1907 salió el llamado “Manifiesto al Pueblo de Cuba y a la Raza de Color” publicado en la ciudad de Santa Clara por Ricardo Batrell. En el mismo se proclamaba fundar una organización que permitiera ayudarse mutuamente y trabajar por el progreso de la raza de color.  

Ese espíritu de reclamo de los negros y mestizos obedecía a que los mismos estaban orgullosos de haber contribuido a la formación de la República que había emergido. Aunque ello se contradecía sobremanera con el hecho de no haber visto aún cristalizadas sus aspiraciones[5]

Otro manifiesto, el de Lajas, del 27 de agosto del propio año 1907, “Al Pueblo de Lajas y a la Raza de Color”, pedía la unidad de los negros para obtener sus derechos. Al mismo tiempo expresaba que no volverían a ser engañados más por lo líderes que prometían y no cumplían. Este llamamiento ponía dentro del escenario político temporal un ingrediente ciertamente explosivo: los negros esgrimían el instrumento de su unidad para alcanzar sus reivindicaciones y lo hacían también para “evitar continuar siendo engañados por el liderazgo de los partidos políticos existentes”. 

A diferencia del denominado llamamiento de Camagüey, el de Lajas, si pedía la formación de un “partido independiente de negros”. Si se trataba o no de una solución políticamente viable, lo cierto es que no parecía una mera aventura, sino algo que emergía de un nivel de madurez de la conciencia política, alcanzado por un gran grupo de ellos. Que buscaban una solución radical a las dificultades para lograr su participación política dentro de la nación. No pocas veces habían insistido en que los partidos tradicionales, en particular, el partido liberal, no daban a los negros posiciones de consideración, mando y prestigio, acorde con la participación que estos habían tenido dentro de la república, incluso en la llamada Guerrita de 1906.  

Por lo que, desde 1907, ya se ponían de manifiesto las contradicciones que darían motivos al surgimiento de un partido independiente de los negros. Sin duda, esta era una idea extremo compleja y hasta peligrosa, pues, aunque no se quisiera, rompía con los criterios de la llamada “fraternidad racial”, muy defendida, y que había caracterizado las relaciones entre negros, mestizos y blancos por muchos años.[6] 

Pero esa conciencia política de negros y mestizos emergía en medio de dos tendencias: la del llamado “Directorio de la raza de Color” a nivel nacional, y una segunda que ya buscaba la formación de un partido político independiente, de los negros. 

Una tercera posición, ya dentro del movimiento político de los negros, buscaba un levantamiento armado, como resultado, al parecer, del resentimiento acumulado contra los liberales por sus continuos engaños, los norteamericanos, y proveniente de los intereses que deseaban provocar de nuevo una crisis dentro del país[7]

Pero los negros de más baja condición económica estaban atrapados entre distintos fuegos. Los Directorios de las Razas, fundados en varias regiones, dirigían sus acciones a los negros descontentos. Por su parte, tanto el Partido Liberal de José Miguel Gómez, como el Conservador, trataban de atraer el voto de los negros, mientras que otros negros más radicales preparaban levantamientos para tratar de lograr bajo presión, lo que no conseguían pacíficamente. 

Pero, como bien expresa Aline Helg, “la concientización de los negros y mulatos cubanos y su desafío autónomo, incitaron a la elite dominante a hacer más explícita la ideología de la supremacía blanca” [8]. La idea de construir un partido negro independiente preocupó sobremanera a la elite blanca, haciéndola tirar a un lado la idea de la “fraternidad racial” y esgrimir de manera explícita lo que en su mayoría habían defendido: la de la hegemonía blanca. En 1906, durante la insurrección liberal contra Estrada Palma, la violencia había emergido como potencial solución para no pocos, un antecedente ineludible para cualquier análisis. 

Las fuerzas políticas liberales y conservadoras no querían esta última alternativa, pues la suya era que no se produjera ninguna desviación del proceso político, de modo que contradijese preservar la formación y hegemonía de los partidos burgueses. Lógica aspiración de los sectores de poder, de que todas las fuerzas políticas que emergiesen quedasen agrupadas, encasilladas, dentro de una estructura de partidos, cuyo rejuego político electoral era el que en definitiva les permitía mantener su hegemonía. 

De todos modos, alguna claridad existía sobre cuál era el trasfondo de las contradicciones políticas del momento pues, en particular, la opinión del gobierno norteamericano de la época era que las revueltas de los negros se debían a que estos no habían recibido una parte adecuada de los puestos en el gobierno. Cínica clarividencia imperial de su parte. Luego, aunque las contradicciones políticas pudieran adoptar un rostro racial y así le convenía a la elite presentarlas, en el trasfondo se trataba de una cuestión de poder, de clase. 

Entre 1898-1902, la intervención norteamericana había dejado como lastre la inmensa cantidad de negros y mestizos que, habiendo combatido a veces por más de 30 años por la independencia, finalmente no les había tocado nada en la distribución del poder de la República. 

Por esta razón, los intentos de construir un partido negro ya habían emergido desde principios del siglo, después de la llamada Guerrita de los Liberales en 1906.E la que, aunque muchos negros habían participado en ella, nunca lograron ver reivindicados sus intereses. Simplemente, los negros y mestizos fueron utilizados y después no les tocó nada en la distribución. La elite blanca se lo había repartido todo, como “botín de piratería. 

Con posterioridad a la aprobación de la Enmienda Morúa, sin duda, el papel desempeñado por EE.UU. en el derrocamiento de Tomás Estrada Palma durante la llamada Guerrita de 1906 —es decir, ante la tozudez de este—, su definitiva contribución para descarrilarlo a favor de los liberales quedaría como una señal que sería interpretada por la dirección del Partido Independiente de Color como que EE.UU., en algún momento, los ayudaría a derogar la enmienda [9]. Tampoco es posible trasladar el EE.UU. de ahora al de aquellos tiempos, dentro del cual la democracia, los compromisos y la politiquería tenían un tono más sofisticado[10]

Sin duda, la actitud asumida por EE.UU. frente a la incapacidad de Estrada Palma de negociar ante la insurrección de 1906, nos permite colegir que las esperanzas que los miembros del Partido Independiente de Color pusieron en que el gobierno norteamericano los ayudaría, presionando a su favor para derogar la Enmienda Morúa, no era algo festinado ni pura ilusión. 

Por eso, tal vez, Gregorio Surin lanzó en Previsión una proclama que en realidad era para estremecer a los patriotas no simpatizantes del PIC. En la misma se decía: “Si la propuesta de Morúa se convierte en ley irían a dirimir ese asunto de derecho a Washington, donde nuestra vida política había sido sancionada por un gobierno fuerte que no temía a las manifestaciones del sentimiento popular” (Rolando Rodríguez. República de Corcho, p. 302). 

En realidad, es difícil de creer que personas de una inteligencia normal y golpeada por la experiencia política de la actuación norteamericana, se creyesen semejante acción la Magoon como algo repetible. Esto, además de una bofetada a la gran masa del pueblo cubano, que no resistía la Enmienda Platt, era reconocer el derecho de EE.UU. a meterse en los asuntos de Cuba. Pero creo que se manejaba por el PIC como una esperanza de algo que en otro momento había sido posible. (Para ampliar ver: Ob. Rolando Rodríguez p. 302).  

Sin embargo, en realidad un reconocimiento como ese, del poder de la Enmienda Platt, no podía tener mejor resultado que restarle prestigio al Partido Independiente de Color, ante aquellos en los que más debía buscar el apoyo político. Sin duda, no era un buen camino para lograr la aceptación que el Partido necesitaba.  

La fundación del PIC 

Entre 1878-1889 se había intentado construir un partido de negros al frente del cual estaría Juan Gualberto Gómez, pero la idea no fructificó porque Gómez era enemigo de dividir a blancos y negros. Al contrario, estos debían unirse contra el poder español en Cuba[11]

En 1908, Evaristo Estenoz y Gregorio Surin, en La Habana, crearon la que llamaron Agrupación de los Independientes de Color, la que más tarde cambiaría su nombre por Partido Independiente de Color[12]

Tal vez ante el temor de una posible sublevación, Charles Magoon, entonces interventor en la Segunda Ocupación norteamericana, legalizó el Partido. Pretendía, según parece, apaciguar a los negros y mestizos belicosos, porque sabía de la participación de estos en la Guerra del 95 y en la insurrección de 1906. Pero también es posible imaginar que esa aprobación se debía a que la misma no contradecía que en los EE.UU., a pesar del racismo imperante, los negros y otros grupos (minorías) fundaban sus organizaciones para reclamar mejoras para su población. 

A finales de agosto de 1908 la Agrupación comenzó a publicar su órgano oficial, bajo el nombre de Previsión. Este último lanzó campañas que al parecer causaban el temor de los blancos. 

Ser blancos independentistas, a los negros que habían luchado contra España. Visión un tanto torcida de traición, porque se partía de un análisis de colores y no de clases. Los blancos en realidad no traicionaban a nadie, simplemente, muchos de ellos con poder, dinero y respaldados, respondían a la defensa de sus intereses. 

Lamentablemente, aunque no fuese su intención, en medio de los temores que un posible enfrentamiento racial producía, el PIC, sin proponérselo, provocaba una cierta división entre blancos y negros, que asustaba y no era aceptable para muchos cubanos de ambas “razas”. Cosa que los principales fundadores de la nación cubana nunca habrían permitido. 

Incluso, el propio Antonio Maceo, el negro más aguerrido y luchador contra la discriminación racial, la sufría, pero nunca se atrevió a decir ni hacer nada que pudiese dar la impresión de que blancos y negros pudiesen convivir separados. A pesar de sufrir no pocas veces la discriminación, Antonio Maceo era un inclaudicable defensor de la unidad de todos los cubanos. Lo principal era hacer la guerra contra España para lograr la independencia y Maceo ya había vivido las consecuencias que la división entre los cubanos podía provocar. La República sería otra cosa. José Martí la había proclamado “Con todos y para el bien de todos”. Sin embargo, ya estábamos en la República y el sueño martiano parecía evidentemente frustrado, al menos para la inmensa mayoría de los negros y mestizos. 

Cierto, no era lógico hablar de traición a los negros, aunque realmente es verdad que los generales blancos, en su inmensa mayoría, fueron evidentemente favorecidos por una administración interventora racista, a la que ayudaron a convertir en polvo la idea de la República martiana por la que tantos cubanos, blancos y negros, habían muerto.  

A muchos generales de la Guerra de Independencia hasta Gerardo Machado y Morales, el último de la lista, que se beneficiaron sobremanera, les cabe el lamentable honor de haber puesto en práctica el modelo neocolonial diseñado para Cuba por EE.UU., mientras que un general de cuatro guerras como Quintín Banderas no recibió más que un miserable puesto de cartero, para finalmente morir vilmente macheteado. 

En 1908, la agrupación presentó candidatos legislativos en La Habana, pero solo alcanzó 2 000 votos y ninguno resultó elegido. El mismo Estenoz obtuvo solo 95 votos, fallándoles entonces la idea de que debían ir en lista independiente (Fermoselle, pp.111-112). 

Los Independientes de Color no buscaban supremacía de raza, sino que no hubiera supremacía. Se unían no como negros y mestizos, sino como oprimidos. Tampoco la agrupación era un fin en sí mismo, por lo que impedirles unirse era permitir que continuase la supremacía blanca y la desigualdad. En sus filas se permitían blancos, y se integraron muchos españoles anarquistas. Su programa era nacionalista con base en la búsqueda de la igualdad social y racial, pro obrero y pro campesino, favorable a la educación universal y a una justicia de verdad equitativa. Por esto es muy posible que los ataques de racistas con que les persiguieron siempre, no fueran más que un modo también de tapar la animadversión y la cobardía que les provocaba a los sectores blancos de poder el tener que soslayar enfrentarse con un programa que ni cínicamente hubieran podido ser capaces de adoptar. 

Pero, lamentablemente, también se manifestaba en el Partido Independiente de Color cierta dualidad contradictoria respecto a EE.UU. 

-Reclamaban la aprobación dada por Magoon, por lo que de hecho aceptaban así la Enmienda Platt, al considerar que era bajo su autoridad debía devolvérsele estatus legal al partido[13]

-Apelaron a la autoridad del Presidente de los EE.UU. para lograr el reconocimiento de su demanda. 

-Parecían reconocer el racismo norteamericano, porque su órgano Previsión, en la práctica, defendía la blandura del racismo yanqui ante un racismo más marcado en Cuba[14]

Sin duda, el PIC buscaba justicia apelando a los mecanismos de poder tal y como estos funcionaban en aquellos momentos. Pero lamentablemente las claves de ese poder no estaban en manos de los cubanos, sino bajo el control de EE.UU. por lo que le quedaban muy pocas alternativas. 

Sin embargo, el PIC tenía una postura no solo antirracista, sino que también se pronunciaba contra el expansionismo yanqui y la propia Enmienda Platt, considerando entonces a Guantánamo y Bahía Honda como dos heridas en el cuerpo de la nación. No obstante, todo parece indicar que la obsesión por quitarse de encima a la Enmienda Morúa, en la práctica los llevó a soslayar un poco sus propias concepciones patrióticas. Es de destacar que no estaban en medio de la guerra, sino en la República, controlada por EE.UU. y administrada por sus cancerberos, por lo que se trataba de un terreno muy resbaladizo, donde no era difícil quedar envueltos por la politiquería, que fue lo que finalmente les ocurrió. 

En las elecciones parciales de 1910 solo tendrían derechos liberales y conservadores. Para entonces el Partido dejó de llamarse Agrupación y adoptó el nombre de Partido Independiente de Color. 

Estenoz fue detenido por violar la Ley de Imprenta, acusándolo de ser el autor de un violento texto aparecido el 30 de enero de 1910. (Ver: Rolando Rodríguez, La Conspiración de los Iguales, p. 299). El gobierno confiscó Previsión, y Estenoz fue condenado a 120 días de arresto. 

El Senador Martín Morúa Delgado aprovechó la ocasión el 10 febrero del propio año y presentó al Congreso una Enmienda al artículo 17 de la Ley Electoral.

Supuestamente, con esa acción Morúa defendía la unidad de los cubanos. Puede, tal vez, que esa haya sido su intención personal, pero en la práctica no se trató más que de una trampa para sacar del juego electoral al Partido Independiente de Color.

Comenzó así una larga batalla político-legal en la que muchos se vieron envueltos dentro de la cámara, destacándose entre ellos Salvador Cisneros Betancourt, al considerar que “la Enmienda de Morúa traería más problemas de los que trataba de evitar”, y así fue[15]

Pienso que de no existir la Enmienda y de haberse podido evitar lo peligroso que resultaba un partido de filiación racial, sobre la base de un debate amplio acerca de la necesidad de dar espacio político real a los negros y mestizos para que estos no se viesen obligados a constituirse en partido independiente, por sentirse presionados, pues se trataba de solucionar el asunto por la vía de una imposición como la enmienda, se habría podido avanzar. Pero para ello se requería la voluntad política de la mayoría blanca y de los negros que se oponían. Eran los blancos sobre todo los que tenían el poder, aunque también los negros exigían una mejor distribución del mismo. Sin embargo, creo que la sociedad cubana de entonces no estaba preparada para un debate de esa naturaleza y todo solo podía terminar, como terminó, en una gran masacre dentro de la cual los negros no cedieron, pero los blancos tampoco. En el fondo, el asunto no era un simple problema racial sino de clase, de poder, donde la cuestión racial era solo el ingrediente que agravaba la confrontación, pero no su esencia. 

Pensamos que el PIC absolutizó el enfrentamiento a la Enmienda Morúa reduciéndolo todo a una batalla electoral y esa batalla llevó al Partido Independiente de Color a cometer un conjunto de errores políticos que le restarían muchas fuerzas para sostener la totalidad de sus demandas y focalizar el debate por alcanzarlas de una manera más amplia y positiva, atrayendo hacia ese debate tanto a negros y mestizos, como a blancos de la población humilde, que podían identificarse con el programa del partido. 

Entre tales errores debemos mencionar los siguientes: 

- El primer error fue olvidar que la batalla del PIC no podía ser solo contra la Enmienda Morúa, sino una lucha político-social por ganarse a la masa de negros y mestizos, y hasta de blancos, pobres, sobre todo, que podían encontrar reflejadas muchas de sus aspiraciones en el Programa del Partido; por cierto, muy progresista para su época. 

- Prestar más atención al aspecto organizativo del Partido para evitar lo que de hecho se produjo en algunas ocasiones, la emergencia de iniciativas regionales, que no pocas veces pusieron en peligro las intenciones pacíficas y no racistas del partido. 

-Haber confiado de manera muy idealista, apoyados en la estrategia de 1906 contra Estrada Palma, en que el gobierno norteamericano defendería en Cuba reivindicaciones políticas de negros, cuando dentro de su propio país practicaban el racismo más despiadado. Además, la diferencia con 1906 era que fueron blancos los que lideraron entonces el movimiento. 

-Creer que José Miguel Gómez se vería obligado en algún momento a derogar la Enmienda Morúa. 

-No tomar suficientemente en cuenta, los factores de peligro presentes en el ambiente político de la época, tales como: el interés de algunos sectores por provocar  la intervención norteamericana, el racismo presente en la vida nacional, el peso de la propaganda racista que magnificaba, tergiversaba y manipulaba toda actividad del partido como una acción dirigida contra los blancos y sus familias; además de la actitud paranoica del gobierno norteamericano contra toda actividad que pudiese afectar sus propiedades en Cuba. 

- Los independientes confiaron en que conversar con José Miguel Gómez les serviría para adelantar algo en sus aspiraciones de abolir la Enmienda Morúa, pero no valoraron suficientemente algunos asuntos que tendrían consecuencias desastrosas.

 Entre ellos: 

- Muy pronto, una vez producido el alzamiento, el Presidente comenzó a sentir la presión proveniente del gobierno de EE.UU. para que protegiera las propiedades y los ciudadanos norteamericanos, a lo que se aliaban los cónsules norteamericanos, ingleses y franceses. 

- Beaupre, Ministro representante del gobierno norteamericano en Cuba, en coordinación con el cónsul inglés, francés y otros funcionarios representantes de los negocios norteamericanos en la Isla, se afanaba continuamente por magnificar el peligro que representaba la insurrección, e informar al gobierno estadounidense acerca de las incapacidades de la administración cubana para proteger las propiedades norteamericanas. 

-Varias personalidades presionaban continuamente por la intervención norteamericana. 

- Dentro del Congreso se movían fuerzas dirigidas a poner en manos de José Miguel Gómez todas las capacidades para terminar la insurrección de la manera más violenta posible. 

- El Presidente no hizo el menor caso a la realidad de que los insurgentes rehuían los combates, evitando los enfrentamientos con el ejército. Todo lo contrario, al haberse corrido fuertemente el rumor de que había algún entendimiento con los líderes del Partido Independiente para que lo que tuviera lugar fuese un simulacro de enfrentamiento. Gómez movilizó tropas y armamentos suficientes para masacrar la insurrección. Por lo que, en el congreso, al triunfar la idea de la suspensión de garantías y definitivamente aprobarse la Enmienda Morúa, el General Monteagudo, jefe del ejército, se vio protegido para actuar con toda violencia y criminalidad, como efectivamente lo hizo. 

Acontecimientos preliminares del alzamiento armado 

Evaristo Estenoz hizo constar en más de una ocasión que el PIC había sido respetado y considerado por el gobierno de Washington durante la Segunda Ocupación, en la persona de Magoon. Por su parte, Pedro Ivonnet, renunciaba al Partido Conservador y se les unía para ser presidente del PIC en Oriente. 

Pero, según se acercaban los momentos definitorios de la contienda contra la Enmienda Morúa, la situación política para el PIC se tornaba más difícil y compleja. 

El 3 de marzo de 1910 apareció en “La Lucha” un manifiesto de las Sociedades de Color, bajo la dirección de Juan Gualberto Gómez, que criticaba a los Independientes por rígidos e impacientes. No los apoyaba y este despegue hacía un gran daño al Partido, pues se enajenaba al negro más importante de la época. 

Los liberales se preocupaban, pues no se acababa de aprobar la Enmienda, y los miembros del PIC continuaban organizándose y constituyéndose. En tal caso, José Miguel Gómez tampoco quería ceder terreno a los Conservadores y asumiendo un papel de árbitro supremo, que supuestamente estaba por encima de la disputa, cortejaba a los Independientes y les prometía interceder para que la Enmienda no quedara aprobada. 

Estenoz, como parte de la campaña para evitar la aprobación de la Enmienda, atacó fuertemente a Gómez, tildándolo de lechero y a Morúa de negro vendido, llamándole ignorante al coronel Manduley.  

El Club Aponte tuvo una fuerte polémica debido a la pertenencia de algunos de sus miembros al PIC, a los que expulsó. 

Por su parte, Enrique José Varona se pronunciaba contra el “coqueteo con una organización que se basaba en el color”, señalándolos como irresponsables que comprometían el futuro de la patria. 

En el órgano Discusión les aconsejaba no agruparse por la raza y les sugería aliarse al Partido Conservador. 

No eran pocas las manifestaciones de desaprobación que el PIC recibía continuamente de miembros de todos los grupos raciales y prácticamente de todos los sectores sociales. 

El 22 de abril, el Ministro norteamericano Jackson le escribió al de Estado Knox que se había reunido con Estenoz. Este le había asegurado que su partido era legítimo, pues lo había reconocido Magón; que estaba integrado por negros y blancos y no tenía que provocar acciones para derramar sangre o provocar una intervención de EE.UU. 

Pero la opinión de Knox era que detrás del PIC había blancos que deseaban crear una causa de intervención y de posible anexión. Estos eran, según él, los que querían crear una situación similar a la de 1906, que a pesar de su negativa inicial, al final, habían tenido que aceptar la solicitud de Estrada Palma de intervenir en la Isla[16]

No obstante, en realidad, la entrevista con Jackson fue un error del PIC, pues ya la proclama de Surin, mencionada más arriba, había servido para levantar la sospecha de que el PIC buscaba la temida injerencia de EE.UU., lo cual contribuía a enajenarle las simpatías del elemento más patriótico del país, pues realmente imaginar que EE.UU. sería fuente de justicia para los negros en Cuba era algo ciertamente descabellado. ¿Cómo era posible imaginar que el Gobierno norteamericano apoyara a negros en su neocolonia, si prácticamente los masacraba en su propio país? Es una respuesta que no vale la pena encontrar. Sin embargo, el PIC insistió en semejante asunto casi hasta el cansancio. 

La noche del 22 y 23, hasta el 25 de abril de 1910, fueron arrestados 59 de los principales dirigentes del PIC. Para representar al líder se constituyó como defensor el General Freyre de Andrade, dirigente del Partido Conservador. La jugada era clara, se trataba de atraer al PIC al control de los conservadores. 

Además, la prensa reforzaba la idea de que el PIC era el plan de algunos blancos y extranjeros para buscar el derrocamiento del gobierno y provocar la intervención de EE.UU., algo similar a lo que había tenido lugar en 1906. Pero en 1906 EE.UU. no había intervenido en favor de negros. 

La tensión era tal que el Consejo Nacional de Veteranos publicó el 23 de abril en El Veterano el manifiesto “Ni blancos ni negros, solo cubanos”, donde se acusaba a los Independientes de Color de encabezar una campaña racista encaminada a destruir la república cubana por lo que entonces el PIC tampoco podía contar con los veteranos, una fuerza que poseía arrastre y prestigio suficiente. 

Se creaba así una atmósfera que hizo que las Sociedades de Color de La Habana condenaran la agitación de los Independientes de Color. Previsión se vio obligado a declarar que no buscaban la intervención ni se proponían el levantamiento armado. El periódico trataba de salir en defensa del partido en medio de la situación tan desfavorable que se les creaba. Pero el desequilibrio entre lo que un solo periódico del partido podía hacer en su defensa y el resto de la prensa era muy grande[17]

El 29 de abril de 1910 fallece Morúa Delgado y el 2 de mayo, sin duda influenciadas por el acontecimiento, la Enmienda es aprobada con 42 votos contra 20, y pasa a conocérsele como la Ley Morúa. A partir de entonces, la batalla contra la Enmienda prácticamente concentró definitivamente todos los esfuerzos del PIC.  

El 20 de junio del propio 1910, diez de los detenidos del PIC decidieron acatar la Enmienda y declararon disuelto el PIC. A pesar de haber sido excarcelados 57 disidentes, Estenoz continuaba encerrado y expresó que el partido seguiría luchando. 

Los que permanecieron en prisión tomaron la decisión de que o la Enmienda Morúa era derogada, o por la fuerza la echarían abajo. Finalmente, Estenoz es liberado y en octubre se encarga de hacer público que el PIC continuaba, pues su disolución en la cárcel no había sido reconocida por una parte importante de sus miembros y que él continuaba siendo el jefe del Partido. 

Pero, en el mismo octubre de 1910, Isidoro Santos Carrera y Zamora Francisco Caballero (miembros del Comité Ejecutivo Provincial del PIC en Oriente) dirigen una carta al Presidente de EE.UU. reclamando la legalidad del PIC que había hecho Magoon y, lamentablemente, en la misiva califican de visionaria a la Enmienda Platt. 

Sin lugar a duda, una carta como esa, al Presidente norteamericano, halagando la Enmienda Platt, le restaba aún más prestigio al Partido, haciéndolo quedar como antipatriótico[18]
A la misiva mencionada, le siguió una carta a José Miguel Gómez, de fecha 18 de octubre, pidiéndole aplazar las elecciones. Tan nada aceptable como la anterior. 

En realidad, todas estas reclamaciones carecían de valor, pues Estenoz se había reunido e invocado el dictamen dado por Magoon de beneplácito con el PIC, lo cual se había basado en la Enmienda Platt, pues bajo su jurisdicción era que había tenido lugar la Intervención de 1906. 

Como algo nuevamente lamentable en sus reclamaciones, llamaban a Magoon ilustre ciudadano, cuando todos sabían de su falta de prestigio en los EE.UU. y de sus vínculos corruptos en Cuba. 

En las solicitudes del PIC se ponía claramente de manifiesto la mentalidad de subordinación existente en casi todos los políticos cubanos de la época. Aunque los del PIC en su inmensa mayoría eran negros y mestizos, por lo que entonces, ¿qué tenían que hacer estos últimos pidiéndole clemencia al Presidente de la nación más racista del hemisferio? De ello salió el desaire esperado, donde el Presidente de EE.UU., respondía “… que no consideraba oportuno formular sugerencias al gobierno cubano”. 

Otros de los desvaríos políticos de varios miembros del PIC se expresaba en que, junto con los disidentes de la cárcel, otros también se expresaban de acuerdo en votar por el Partido Conservador, criticando a los liberales por haberlos encarcelado.  

Estenoz trabajaba arduamente para reanimar el PIC que en 1912 tendría como tareas no apoyar a ningún candidato y derogar la Enmienda Morúa. A la sazón, Fernando Freyre de Andrade y Armando André habían presentado un proyecto de Ley para derogar la Enmienda Morúa, pero aun después de mucho debate no se logró nada concreto en la dirección defendida, entre otros, por el propio Andrade, Lino D’ou y Campos Marquetti[19]

Como un lamentable error de cálculo, el PIC no prestaba atención suficiente al contexto político en que tendría que moverse su pronunciamiento de levantamiento armado. Entre otros, sería grande la alarma que se crearía, que traería el recuerdo de las rebeliones de esclavos y en particular del “miedo al negro” que la Revolución de Haití había provocado y que todavía permanecía en la conciencia de muchos blancos y negros también.

Continuará…

Notas:

1 En principio se trató de hacer valer un conjunto de requisitos para tener derecho a votar, entre ellos: ser hombre, 21 años, nativos o españoles, residentes al menos 30 días, saber leer y escribir, propiedad por 250 oro americano y haber servido en el Ejército Libertador, con prioridad a julio 18 de 1898. Ver: U: S. Bureau of the Census, Censo de la República de Cuba, bajo la administración provisional de los Estados Unidos: 1907, Washington, D.C, Bureau of the Census, 1908.

2 La intervención norteamericana remodeló al Ejército Libertador sobre la base de licenciarlo primero y después variar totalmente las reglas para formar parte del Ejército Nacional y la Guardia Rural. Muy pocos negros y mestizos formaban parte de estos cuerpos, con grados muy bajos por lo general, siguiendo las posiciones políticas que les exigía la administración nacional de turno.

3 Rafael Fermoselle: Política y Color en Cuba. La guerrita de 1912. Editorial Colibrí, tomado de Ediciones Géminis, Montevideo, Uruguay, 1974.p. 83.

4 Ver: María del Carmen Barcia. “Un modelo de emigración favorecida: traslado masivo de españoles a Cuba, 1880-1930”. Revista Catauro, No.4, 2001, pp. 36-59.

5 La autoestima de los negros y mestizos era muy alta en esa etapa. Muchos habían combatido por la independencia, alcanzando altos grados dentro del Ejército Libertador. Particularmente en la región oriental, había muchos negros con grados de general, alcanzados a fuerza de valentía y coraje dentro de las guerras de independencia.

6 Se trata de una idea que era defendida por muchos tanto negros, como blancos, pero que no pocas veces era violada y otras muchas servía como cobertura política para que los negros aceptasen siempre una posición subordinada. No obstante, sobre esa base José Martí había construido la unidad que los había llevado a todos, negros y blancos, a la lucha por la independencia. Pero Martí ya no estaba ni Maceo ni muchos de los que tenían la capacidad de exigir su cumplimiento; mientras que otros se habían apropiado de la república, dejando a los negros y mestizos al margen de la distribución del poder.

7 Un levantamiento armado no era nada extraordinario para la época. En medio de la intervención norteamericana había quienes dejaron armas guardadas para volver a alzarse; el espíritu de la guerra estaba muy fresco y ya había ocurrido un levantamiento armado contra Estrada Palma en 1906.

8 Aline Helg: Lo que nos corresponde: la lucha de los negros y mulatos por la igualdad en Cuba, Imagen Contemporánea, La Habana, 2000, p. 21.

9 Había en ello algo más de fondo, que impediría que EE.UU. actuara en favor del PIC. Pero aun era temprano para descubrirlo.

10 Por mucho que pudiésemos criticar al EE.UU. que recién emergía como potencia imperial, no podemos juzgarlo entonces con los ojos de ahora. Entonces era menos antidemocrático y más cuidadoso.

11 El asunto de la unidad entre blancos y negros ha resultado muy complejo en toda la historia cubana. Aun hoy, en circunstancias muy diferentes, hay personas que se niegan a tratar el problema al considerarlo siempre como un asunto que divide a la nación. Lo que ha traído como consecuencia que los negros hayan sufrido durante siglos el racismo blanco y ellos mismos hayan tenido que elaborar una contra-ideología, pues no se puede hablar de verdadera unidad mientras el racismo exista.

12 En momentos tan tempranos del siglo XX nunca se había logrado fundar un partido de negros o por filiación racial, en toda América. En Brasil en 1931, Uruguay (1938-1944). En Cuba es fundado el 7 de agosto de 1908. El 20 de septiembre del propio año celebró su primera reunión al aire libre en el Parque Cristo de La Habana. Ver: Rafael Fermoselle, Política y Color en Cuba: la guerrita de 1912. Editorial Colibrí, Montevideo, Uruguay. p.110.

13 La Enmienda Platt existía porque había sido aprobada como parte de la Constitución de 1901. Luego, aunque impopular y dañándose a sí mismo, el PIC no hacía más que acogerse a la legalidad existente, que ni ellos habían inventado ni tampoco aprobado directamente, y quedaban como en una encerrona.

14 Tomado de Aline Helg. Ob. Cit., p.202.

15 En política valen las intenciones, pero las prácticas resultantes de ella son las que finalmente se imponen. Además, la personalidad política de Morúa, signada por su derechismo y total oposición a la existencia de un partido de los negros, que rompiera con la estructura partidista tradicional, era mucho más indicativo de que se trataba de una maniobra para sacar del juego al PIC.

16 No es absurdo pensar que alguien estuviese tratando de sacar provecho de tan compleja situación para provocar la intervención, pero el PIC no la promovía ni la tenía entre sus planes. Y no se trataba de algo que siempre estaba a las puertas porque los cubanos la provocaran sino si EE.UU. la necesitaba. Estrada Palma la había pedido en 1906 y en principio EE.UU. se negó; poco después intervenía, contra el mismo que la había pedido. Luego ningún acontecimiento en Cuba provocaba la intervención si EE.UU. no lo consideraba meritorio de ella.

17 Ver: Aline Helg, Ob Cit., pp.217-260.

18 Lamentablemente, dirigirse al Presidente estadounidense reclamando justicia y calificando de visionaria a la Enmienda Platt era sacrificar demasiado por obtener la legalización del Partido, pues era sacrificar al propio partido y la imagen de patriotismo que este debía dar.

19 Se trata de un largo debate, imposible de introducir en el breve espacio de este ensayo, pero que puede ser leído en el libro de Rolando Rodríguez La República de Corcho, capitulo XVI al XVIII, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2010, pp. 287-370.