lunes, 28 de mayo de 2018

MUNDO.- PERDER LAS CADENAS O CAMBIAR LAS CADENAS


Por Dr. Néstor García Iturbe

Hace pocos días se recordó el 200 aniversario del nacimiento de Carlos Marx, un revolucionario que junto con Federico Engels se dedicó a estudiar el capitalismo y formular una teoría sobre el régimen social que sustituiría  esa etapa en el desarrollo de la humanidad.

En la obra de Marx se explica ampliamente la explotación y el individualismo que promueve la sociedad capitalista y la nueva sociedad que debe surgir, donde la distribución de los bienes creados por la sociedad se realizará en función de las necesidades de cada cual.

Con el fin de “exponer al mundo entero sus conceptos, sus fines y sus tendencias; que opongan a la leyenda del fantasma del comunismo un manifiesto del propio partido”, Marx y Engels redactaron el Manifiesto del Partido Comunista entre diciembre de 1847 y enero de 1848.

El último párrafo de este importante documento establece claramente la estrategia de lucha que debe seguir el proletariado y los desposeídos para llegar al poder, el mismo plantea:

“Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Las clases dominantes pueden temblar ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen en cambio un mundo que ganar. Proletarios de todos los países, uníos.”

En el mundo actual, la lucha de muchos no es por perder las cadenas, sino por cambiarlas por otras con las que se sientan más cómodos.

Algunos prefieren afrontar la muerte de él y su familia navegando por el Mediterráneo, que luchar en su país y mediante la “violencia” resolver el problema colectivo de implantar un orden social más justo. Priman los intereses individuales por encima de los colectivos.

Algunos países capitalistas desarrollados estimulan estas actitudes que les proporciona mano de obra barata,  les permite cubrir puestos de trabajo en los cuales sus propios ciudadanos no están interesados y alivian tensiones en países donde regularmente tiene inversiones mediante las cuales explotan los recursos naturales del mismo. Los que abandonan el país son menos a luchar por su liberación.

En un buen número de países se llevan a cabo frecuentemente manifestaciones de miles de personas, cuyo propósito es  que la clase dominante del país  les aumente las migajas que reciben como salario, de jubilados a los que no les aseguran los medios necesarios para vivir, de jóvenes estudiantes que solicitan un reforma en la enseñanza o que esta sea gratuita, de campesinos que reclaman tierra para cultivar y vivir, de mujeres que reclaman puestos de trabajo y salarios similares a los hombres, de ciudadanos del país que se declaran en contra de la privatización de los recursos naturales y la implantación de medidas neoliberales contrarias a los intereses de las clases de menor ingreso económico.

Ni una sola pancarta pidiendo a esas multitudes que se lancen a la lucha por la liberación del país, por su soberanía e independencia, todo lo cual,  de lograrse, sería la vía para solucionar los problemas por los cuales protestan las miles de personas que participan en las manifestaciones.

Algunos consideran que respetando la Constitución y las leyes emitidas por la clase dominante del país, para consolidar el régimen capitalista, podrán llegar en un momento determinado a implantar un régimen con mejores condiciones para los proletarios y campesinos. Los que no sean asesinados en ese empeño, irán a la cárcel o terminarán maniatados políticamente.

Cuando la resistencia, llevada a cabo respetando la Constitución y las leyes del país, gane alguna fuerza, la clase dominante aflojará un poco las cadenas para aliviar tensiones y consolidarse en el poder. Tratará de corromper a los líderes de la oposición y en todo momento garantizará un sistema donde cada grupo de la sociedad luche por sus intereses individuales, donde no se mencionen los intereses colectivos.

Es necesario que surjan líderes, que tal y como plantearon Marx y Engels, se lancen a la lucha violenta para cambiar el régimen establecido, decididos a realizar una Revolución Comunista y que lo único que tengan que perder sean sus cadenas, que no luchen por seguir encadenados con cadenas distintas, donde obtengan más beneficios individuales.

La Habana, 27 de mayo del 2018.

GRUPO EL HERALDO  sarahnes@cubarte.cult.cu

SAN OSCAR ROMERO: LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS

Por Chencho Alas


El pasado sábado 19 recibí una llamada telefónica de El Salvador. Una persona amiga me daba la gran noticia: El 14 de octubre el beato Oscar Romero va a ser canonizado en Roma. Esperaba que la canonización fuera en nuestra tierra pero el Papa Francisco ha decidido que sea en la Ciudad Eterna. Las canonizaciones son hechas solamente por el papa.

Mi corazón se alegró muchísimo. Dejé de cortar la grama y me senté a recordar y meditar acerca de mi relación de trabajo con nuestro profeta y mártir. Por primera vez me encontré con él el año 1962 con ocasión de su participación en un Cursillo de Cristiandad que yo estaba dando en San Miguel. Para ese entonces nuestro santo era un párroco al igual que tantos otros. Me pareció un hombre callado y muy espiritual. Como Cursillos es un movimiento de seglares, su participación fue poca.

Luego me pregunté ¿por qué tanta alegría, tanto gozo no solo en El Salvador sino también en el mundo entero? San Oscar Romero es una de las personas más conocidas y apreciadas por todos los pueblos. La respuesta la encuentro en una de las verdades más profundas de la fe cristiana, la comunión de los santos. La afirmamos en cada Eucaristía que se celebra el domingo: “Creo en la comunión de los santos”.
                       
¿En qué consiste la comunión de los santos? ¿Cuál es su base y significado? Se basa en otra verdad de la fe cristiana: la gracia de Dios que solamente se entiende, si en algún momento hemos vivido a profundidad el amor. El amor no lo tocamos, no es material, se encuentra más bien en el orden del espíritu. Lo sentimos como fuerza de entrega gozosa, de darse y recibir que estremece nuestras fibras más íntimas y que nos lleva a la entrega y al servicio. La gracia de Dios es el amor que Dios tiene por nosotros. Es la gracia que reside en las fibras más íntimas de nuestro ser. En la oración y el silencio sentimos su poder.

La gracia de Dios al igual que el amor corre en nuestro cuerpo de creyentes y no creyentes en Jesús, como la sabia en el árbol o la sangre en nuestras venas. Por lo tanto, es un elemento de unidad. Esa unidad es la que da origen a la comunión de los santos, la alegría, el gozo. Esa unidad es la fuente de la exultación que experimentamos con el anuncio de la canonización de San Oscar Romero.

Mons. Oscar Romero fue un hombre de oración y de silencio que le sirvió como un manantial de aguas vivas para aceptar la misión que recibió de servir al pueblo de la Arquidiócesis de San Salvador. No le fue fácil, tuvo sus miedos, pero como el mismo me lo dijo en enero de 1980 en el hospitalito para cancerosos, La Divina Providencia, “creo que este es mi destino, estar junto al pueblo, vivir los riesgos del pueblo”. Con una sonrisa apenas dibujada en su rostro me hablaba acerca de la cercanía de su llamada al Padre. Ya presentía su muerte, su martirio que se dio el 24 de marzo.

Mons. Oscar Romero primero fue un sacerdote muy bueno, trabajador, dedicado a sus tareas pastorales. Eso hubiera sido hasta el día de su muerte, pero no fue así. Como lo sabe la mayoría, en él se dio un cambio profundo que le exigió ir más allá de la simple bondad. El Papa Pablo VI lo nombró Arzobispo de San Salvador, año 1977, y tuvo que enfrentarse a abrazar la iglesia que le dejaba Mons. Luis Chávez y González o tener problemas con el clero.

Eran años de mucho compromiso y actividad social, religiosa y política. Todo comenzó en el campo religioso con el Concilio Vaticano Segundo (a. 1962-65) que convocó el Papa Bueno, San Juan XXIII, para darle oxígeno a una Iglesia anquilosada en el dogmatismo y le siguió la Segunda Conferencia de Medellín (a. 1968) que tuvo como objetivo aplicar las enseñanzas del Concilio a América Latina. En el campo político los cambios vinieron con la caída de Batista en Cuba y ascensión de Fidel Castro al poder (a. 1959). Nuestra América se estremeció. Los partidos comunistas abandonaron sus posiciones cómodas y los pueblos cayeron en la cuenta de la necesidad de la participación política para salir de la opresión.

Fue en ese ámbito que el Arzobispo Romero llegó a la arquidiócesis el 23 de febrero de 1977, tres días después de las elección del General Carlos Humberto Romero y cinco días antes de la masacre en la Plaza Libertad contra el fraude electorero. No tuvo tiempo para festejar su nueva posición en la Iglesia. Catorce días después fue asesinado su amigo el P. Rutilio Grande y ante su féretro le prometió seguir sus pasos. No se equivocó. Decidió aceptar la difícil misión de profeta y de mártir. 

Nota: La foto arriba es del primer Cursillo de Cristiandad al que asistió San Oscar Romero. No quiso sentarse al lado del obispo de San Miguel, Mons. Machado, prefirió quedarse de pie. Año 1962.

Austin Tx, 28 de mayo de 2018

"Esta no es una tormenta para tomar a la ligera": Alberto avanza hacia la costa de EE.UU.


RT  -   28 mayo 2018 17:55 GMT

La primera tormenta de la temporada en el Caribe ya ha anegado ciudades y provocado miles de evacuaciones en Cuba.

La tormenta subtropical Alberto avanza hacia EE.UU., 27 de mayo de 2018. NASA / Reuters

La tormenta subtropical Alberto, la primera de la temporada en el mar Caribe, avanza hacia el norte a través del golfo de México con vientos sostenidos de hasta 100 kilómetros por hora y podría tocar tierra este lunes, según vaticina el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC, por sus siglas en inglés).

En una de sus últimas actualizaciones, ese organismo oficial norteamericano estima que el fenómeno natural podría causar fuertes lluvias y ofrece "un riesgo significativo de provocar inundaciones repentinas" esta noche —hora local— en los estados del sudeste de EE.UU.: el noroeste de Florida, el oeste de Georgia y gran parte de Alabama.

El centro de Cuba, los Cayos y el sur de Florida mantienen el riesgo de sufrir crecidas e inundaciones repentinas, mientras que las consecuencias también se padecerían en el norte de Georgia, las Carolinas del Sur y del Norte y Tennessee el próximo 29 de mayo.

"Esta no es una tormenta para tomar a la ligera"

El pasado fin de semana, las autoridades de los estados de AlabamaMisisipi y Florida declararon el estado de emergencia por la tormenta y en esa última región estadounidense miles de residentes fueron evacuados de sus casas el domingo ante la llegada de Alberto.

El gobernador de Florida, Rick Scott, instó a los residentes de la zona noroccidental a prepararse porque "esta no es una tormenta para tomar a la ligera" y en su estado saben "cuán devastador puede ser cualquier fenómeno meteorológico tropical y Alberto no es diferente".

Chuck Watson, especialista del centro Enki Research, estimó que los daños que causaría la tormenta Alberto en el sur de EE.UU. podrían alcanzar los 1.000 millones de dólares: entre 400 y 500 millones de daños directos y otros 600 millones por el impacto en el turismo local.

Cuba: miles de evacuados y ciudades inundadas

En Cuba, más de 5.000 personas de las provincias de Sancti Spíritus y Villa Clara —en el centro del país— tuvieron que abandonar sus hogares debido a las fuertes lluvias asociadas a esta tormenta.

Las precipitaciones provocaron la crecida de varios ríos y un aumento acelerado en el nivel de los embalses. Asimismo, dejaron pueblos inundados y dañaron áreas agrícolas, sobre todo en las zonas occidental y central.

Una granja parcialmente inundada por la tormenta subtropical Alberto en Bahía Honda (Cuba), el 26 de mayo de 2018. / Alexandre Meneghini / Reuters

  • Alberto, la primera tormenta atlántica de 2018, se formó varios días antes del inicio formal de la temporada de huracanes, que es el 1 de junio.

  • El año pasado, varios huracanes devastadores causaron daños por cientos de miles de millones de dólares en EE.UU. y el Caribe.

RESURGE EL INDEPENDENTISMO EN CALIFORNIA


Por Manuel E. Yepe

Ante las locuras (o idioteces) del actual Presidente de Estados Unidos y las oscuras perspectivas que ofrecen a la ciudadanía sus eventuales sucesores, conviene recordar que la secesión no es asunto que concierna solamente a la historia de Norteamérica, sino que es una cuestión sociológica y política sumamente actual.

Dos aventuras épicas cinematográficas: “Lo que el viento se llevó”, filmada en 1938 y “Cold Mountain”, exitosa novela llevada al cine en 2003, tomaron la guerra de secesión para conformar sus tramas y rivalidades, así como para denunciar las pavorosas acciones de ambos bandos en rechazo a la locura de una posible nueva guerra fratricida en Estados Unidos.
Técnicamente, si California, que es el estado más rico de Estados Unidos, quisiera independizarse, tendría que superar dos filtros: el de la propia Constitución de California y el de la Constitución de Estados Unidos.

El movimiento independentista californiano existe legalmente desde 2014 y tiene su principal exponente en una organización que lleva por nombre Yes California (California por el Sí). No es un partido político ni tiene diputados, pero ya es apodado Calexit  (recordando al Brexit en Gran Bretaña) y cuenta con un apoyo que supera el 25% de la población activa.

Por el momento. el Calexit no se proclama heredero de los colonos americanos que, tras alzarse el 14 de junio de 1846 contra las autoridades mexicanas, proclamaron una efímera República de California independiente a la que renunciaron a regañadientes a cambio de aceptar la anexión a Estados Unidos. Por eso no es desechable la idea de que algún día los independentistas sean californianos hispanos, y que tengan como agravio motivador de su surgimiento el Tratado de Guadalupe de 1848 por el cual Estados Unidos le arrebató a México -entre otros territorios- el de la actual California, donde impusieron el idioma inglés.

La legitimidad económica de California como nación autónoma estaría sustentada en que hoy paga unos 100.000 millones de dólares más que lo que recibe de financiación estatal, lo que hace que su argumento en lo económico sea visto como un asunto de derechos humanos, dado que “la Declaración Universal sobre éstos fija en su artículo 20 que nadie puede ser obligado a pertenecer a una asociación” y su “derecho de autodeterminación” estará siempre por encima de la ley de EEUU. Por lo tanto, no habría necesidad de una enmienda constitucional para separarse de Estados Unidos e integrarse en la comunidad internacional, en la que sin dudas habrían de ser reconocidos de inmediato.

En 2016, Red Guard, un grupo autoproclamado comunista de Austin, Texas, causó un gran revuelo tras posicionarse al frente de una manifestación del movimiento antirracista "Black Lives Matter" con banderas rojas y portando fusiles. Anunciaba su decisión de luchar, contra la extensión del fascismo en Estados Unidos.

El enfrentamiento en las calles no alcanzó matices violentos, pero se trasladó a las redes sociales como reflejo de la escalada de las tensiones sociales que vivía el país mientras Washington seguía andando por el mundo estimulando ánimos secesionistas que eran parte del esquema imperialista destinado a derrocar gobiernos extranjeros inconvenientes para su política exterior.

Sin embargo, en los propios Estados Unidos comenzaban a exaltarse parecidas aspiraciones al ejercicio de la soberanía por parte de quienes fueron los primeros pobladores y verdaderos dueños del territorio que hoy forman buena parte de los estados que integran la unión norteamericana.

El movimiento independentista “Yes, California”, realizó el 21 de noviembre último la primera acción legal hacia la secesión de California de la Federación de Estados Unidos al presentar al fiscal general del estado una propuesta de convocatoria a una votación encaminada a ese objetivo.

La idea separatista debe reunir suficiente apoyo preliminar en una votación que debe tener lugar en noviembre de 2018. Para que se celebre ese referéndum, el movimiento “Yes, California” deberá recoger medio millón de firmas.

Si la iniciativa prospera por contar el “Calexit” con el apoyo exigido, los californianos irán a las urnas en la primavera de 2019 para una votación histórica que decidiría si California debe salir o no de la Unión. El plebiscito se fundamentaría en el artículo dos de la constitución de ese estado que indica la forma en que la ciudadanía del territorio puede decidir sobre su pertenencia a Estados Unidos.

Cuando en enero de 2008, el entonces Presidente George W. Bush se declaró jubiloso porque “los kosovares son ahora independientes” y recordó que eso era “algo que he defendido junto a mi Gobierno", varios de sus aliados le advirtieron a Estados Unidos del peligro que ese pronunciamiento representaba para la comunidad internacional, el Consejo de Seguridad, la Unión Europea y la integridad territorial de los propios Estados Unidos de América.

La Habana, Mayo 29 de 2018

Exclusivo para el diario POR ESTO! de Mérida, México.

CUBA. POLITICA Y CIENCIAS SOCIALES: ¿dos aliados contenciosos?


Esteban Morales

“No debemos temer a las contradicciones.
Pues ellas son las fuentes del desarrollo”.
El Autor

Diríamos que como nunca antes, estos aliados, ahora mencionados, deben funcionar interconectadamente dentro de nuestra realidad política. Existe entre ellos una dialéctica, objetiva y subjetiva, que se expresa como   unidad y lucha de contrarios. Como fuente del desarrollo y la Solución de todos los problemas.

Pero refiriéndome, en particular, a nuestras ciencias sociales y humanísticas, estas tienen dos enemigos a vencer, en el accionar de los científicos:  la ignorancia, que es la madre y la cobardía que es el padre. Ambos operan de manera muy negativa.

Si somos, los científicos sociales, realmente consecuentes con la tarea que nos corresponde desarrollar, ello quiere decir, que debemos estudiar, investigar y debatir sobre todos los problemas hasta la saciedad. Y ser consecuentemente valientes al defender nuestras opiniones. Porque, en definitiva, la ciencia es también una forma de poder.

No puede haber problema tabú para el científico social. Todo debe ser investigado y debatido hasta el cansancio. No podemos dejar la conducción de nuestro proceso, solo en manos de los políticos. Sino trabajar con ellos, exigiéndoles nuestro lugar.

Tal cosa es válida, tanto para las relaciones internacionales, relaciones de segundo grado, porque se refieren a lo externo, aunque, sobre todo, prestar especial atención a las relaciones internas. Aquellas que discurren dentro de la realidad de la sociedad en cuestión. Y que constituyen la variable fundamental de toda acción o proceso, que pretenda transformarla.

La economía, la política y la ideología, para resumirlas en sus enclaves principales; constituyen momentos clave del accionar de las ciencias sociales. No es posible soslayar, ni que nos soslayen de ninguna de las esferas mencionadas.

Porque, como ya he expresado en otras ocasiones, la variable fundamental, es la dinámica interna de cualquier sociedad. Sobre todo, dentro de una como la cubana socialista actual, respecto a la cual, pesa continuamente la intención, de nuestros enemigos, por subvertirla, atrayéndola continuamente hacia el capitalismo, la sociedad que nos hemos propuesto superar.

Situación, en medio de la cual, el científico social revolucionario, debe estar consciente del papel que le corresponde desempeñar. Que no es otro, que el de ser arquitecto de las relaciones sociales, dentro de la sociedad cubana, de conjunto, con la política y las artes. Utilizando esa forma de poder que es la ciencia.

Respecto a las artes y las humanidades en general, a pesar de que no pocas veces tropiezan con los mismos obstáculos que el resto de las ciencias sociales, podemos momentáneamente descartarlas, no, por no ser también importantes, sino porque sus lenguajes y formas de expresión, les permiten, a veces, “escapar”, de los prejuicios, con que si tropiezan más frecuentemente   el resto de las ciencias sociales.

 La pintura, las artes plásticas en general, la música, la danza, las llamadas ciencias audiovisuales, son las que no pocas veces pueden sortear, con mejores augurios, los prejuicios que atacan a las ciencias sociales. Pues estas últimas, tienen siempre, que necesariamente, referirse directamente a la política. Espacio este, en el que el celo de los políticos y los prejuicios, actúan con mayor fuerza.

Luego entonces, el científico social, su producción intelectual, no debe y no puede, subvertir su lenguaje, ni ocultarlo con sofismas; ni dentro de un tipo de expresión de la realidad, en el que se puede actuar, disfrazando sus producciones, o actuando dentro de las licencias de la creación artística.  Que siempre tendrían a su favor, las expresiones de la realidad de manera figurada, bajo símbolos, apelando a la ficción y representaciones, que no son directamente la realidad, sino formas metamorfoseadas de la misma. Y que, con frecuencia, no tienen que enfrentar a la política.

Por su parte, los científicos sociales, de manera directa, tienen que presentar esa realidad con un lenguaje claro y directo, que a veces resulta relativamente agresivo, o que pudiera ser asimilado por los políticos como agresivo.

Entonces, los sofismas, la ficción, las representaciones y las formas metamorfoseadas, no pueden ser el lenguaje de estas ciencias más arriba mencionadas, porque ellas, necesariamente, siempre, tienen que enfrentar a la política de manera directa. Formando con esta última, un verdadero dúo contencioso. Pues la una no puede prescindir de la otra. Ni el político puede desentenderse de lo que la ciencia social está diciendo; ni los científicos sociales pueden desentenderse de la política, pues en última instancia, ambos actúan dentro de ella, la que aporta siempre el contexto. Este último es también válido para las humanidades, pero no les toca siempre de manera directa.

No obstante, se manifiestan continuamente, en tales relaciones, visiones contradictorias, de las que no es posible desentenderse, ni tampoco, simplemente, escapar.

En medio de tal situación, si el científico social no actúa de manera consciente del papel que le corresponde, como, arquitecto de la sociedad; que quiere decir, si no actúa con valentía y no defiende sus criterios frente al de los políticos, la política los aplastara; porque los políticos poseen   el poder corriente que les permite hacerlo. Y no pocas veces han hecho uso de ese poder.

Por celo, o por conveniencia, los políticos pueden actuar para aplastar las opiniones de las ciencias sociales y las Humanidades también; sobre todo, cuando estas, opinan, o adelantan escenarios, que los políticos no comprenden, o nos les conviene comprender. Los políticos, incluso revolucionarios, o no, pueden actuar aquí, también por ignorancia o por conveniencia.

Podemos decir, que el político revolucionario, no debiera actuar por conveniencia, pues dejaría de ser realmente revolucionario. Por lo que, dándole el beneficio de la duda, podemos decir, que el político revolucionario, no debiera actuar negativamente, ante el criterio fundamentado de las ciencias sociales; más bien, solo por ignorancia y no por conveniencia. Pero ambas situaciones ocurren. Y no se puede ser idealista ante esta realidad.

Pues existe la actuación de la burocracia, que es un asunto de muy alta complejidad. Tratándose de ese componente de la sociedad, que ya hemos mencionado, es corrupto por su propia naturaleza, aunque no todos los burócratas lo sean.

Es que la burocracia estatal administra los bienes de la sociedad y ello lleva implícito la posible desviación, la de usufructuar esos bienes, como si fueran de su absoluta propiedad. Lo cual crea y alimenta una forma de corrupción, que es bien difícil de extirpar. Y de las cual, ejemplos múltiples, tenemos ya, en la Cuba actual.

A su vez, el científico social, debe comprender, que el político actúa en el contexto de una situación, dentro de la cual, su principal deber es el de defender la estabilidad de la política; no permitir que se le ataque; viéndose obligado a actuar dentro de unos límites y plazos de tiempo, que no le permiten a veces entender y muchos menos aceptar, de manera inmediata, que una política deba ser cambiada. Porque las ciencias le están diciendo que debe cambiar.

Razón por la cual, en una sociedad como la nuestra, hay que dejar espacio al debate, consciente e informado, de todos los fenómenos sociales, dado que necesariamente, entre la ciencia y la política debe existir, como especie de un lag, para que los políticos y los científicos sociales puedan debatir abiertamente, sobre la conveniencia o no, de cambiar una política.

 Momento dentro del cual, el científico debe demostrar, de manera clara y valiente, que la política debe ser cambiada. Y ambos, el político y el científico, deben actuar con la conciencia de que, una política que debe ser cambiada, pero que no cambia, está afectando a la sociedad, que es lo más importante; porque para ambos, si son revolucionarios, no existe una presión mayor, que la que la sociedad ejerce.

También, es muy frecuente el error de considerar que las ciencias sociales, tienen que ser facturadas por la política, para estar en condiciones de ser consumidas por el resto de la sociedad.

Ello se expresa claramente, en que, aun dentro de un proceso de comprensión del papel que deben desempeñar las ciencias, la política frecuentemente reacciona con tendencia a monopolizarlas. Facturándolas continuamente, como si la política fuera el único destinatario de las ciencias.

Dentro de tal proceso, más arriba descrito, algunos científicos se dejan facturar, mientras que otros se resisten, defendiendo el papel relativamente independiente de las ciencias sociales.  Conflicto que solo tiene solución sobre la base del debate y de la mutua comprensión, por ambos sectores sociales, del papel que corresponde a la política y el que toca a la ciencia. Pero sobre todo,  de la comprensión,  de que las ciencias sociales  van dirigidas también al individuo, a ellas mismas, a la familia, la escuela y  los medios de comunicación, entre otros, que las consumen, muchas veces, sin que estas tengan que pasar, ser  mediadas  o facturadas  por la política.

No es posible negar, que esta confusión mencionada, nos ha llevado, no pocas veces, a confundir el discurso político, con el científico. Lo cual ha tenido a veces, consecuencias negativas para el trabajo ideológico. Teniendo este fenómeno, frecuentemente su expresión, en la deficiente calidad de nuestra prensa.

Sería una verdadera tontería, la cual nos hace mucho daño, que otras esferas de la sociedad, se dejasen arrebatar los beneficios que les acarrearía mantenerse en contacto directo con las ciencias sociales y humanísticas, aprovechando sus resultados.

Todo lo cual desborda en mucho, el interés por las ciencias sociales, solo como un objeto utilizable por la política.

Es que las ciencias sociales, además, no pueden sustraerse a la realidad de que dentro de esas actividades que las consumen, a veces, estas son también generadoras de conocimientos científicos. Dado que, al menos en Cuba, no es solo dentro de la academia donde pueden generarse conocimientos científicos. Todo lo cual es el   resultado de la gama de profesionales de las más disimiles especialidades, que, en muchos lugares, desempeñan su actividad concreta, enfocando sus tareas también con un sentido investigativo.

Tal situación implica también que las ciencias sociales, al ser facturadas solo para la política, entran en un “maridaje justificativo” de la política, que les hace perder personalidad, entrando en un incesto con la política, que les cercena la posibilidad preservar su carácter de ciencias.

Es que el pensamiento científico, no puede estar subordinado a la coyuntura política, ni a la política misma. Porque entonces se tiende, oportunistamente, por los científicos sociales, a tratar de encontrar las soluciones que más acomodan a la política, perdiendo las ciencias su capacidad de hallar   las alternativas necesarias; por si la política falla o debe cambiar. Pues debemos partir, de que la mejor política, es aquella que, desde el momento de su formulación, ya debemos comenzar a pensar en cómo debiéramos ajustarla o cambiarla.

Tratándose esta última, de una dialéctica, cuya comprensión es indispensable. Pues ninguna política es eterna, como no lo es tampoco, la situación que la generó. Tratándose de un asunto, al que los políticos se resisten con mucha frecuencia. Pero que, de no ser, como hemos explicado, a la hora de los errores, se equivocan todos, científicos y políticos.

No obstante, una variante extrema de la relación entre política y ciencia, es también   considerar que las ciencias sociales y humanísticas, sus métodos y procedimientos, tienen que estar divorciados de la política y de la influencia de la coyuntura.

Aun y cuando las ciencias sociales tienen que llegar a sus propias conclusiones y por sus propios medios, incluso, con independencia   de que puedan entrar   en contradicción con la política presente, ello no significa que sus métodos y procedimientos de trabajo, incluso sus resultados, tengan que estar divorciados de la política, ni de sus coyunturas; pues se trata de la independencia relativa de las ciencias sociales y humanísticas, no de su divorcio de la política. Aunque estas últimas, siendo independientes, es como mejor contribuyen a la política. Por lo que se trata de una independencia relativa de la ciencia y no absoluta de la política y sus coyunturas.

Es muy sintomático, que, en periodos de coyunturas críticas, como lo es ahora; la política se lance rápidamente buscando el auxilio de las ciencias sociales y humanísticas.

Lo anterior es cierto, se ha repetido, como una constante, desde que el Comandante en Jefe,  Fidel Castro, fundo los Equipos de Investigaciones Económicas, en la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana, en 1964; o cuando   se hicieron los trabajos para formalizar matrimonios en la Ciénaga de Zapata en los años sesenta; o cuando fue necesario crear un equipo de científicos, para participar activamente en la organización de las Conferencias Internacionales,  “Girón 40 años después “ y “La crisis de Octubre 40 años después”.  Para situar algunos ejemplos.

Sin embargo, ahora el proceso de acercamiento a las ciencias sociales y Humanísticas, que se viene produciendo, tiene un carácter mucho más profundo y diríamos sistemático, de urgencia, respondiendo, consideramos, no solo a las necesidades actuales, sino más que ello, al grado de madurez alcanzado, por la comprensión que   han ganado, tanto los científicos sociales, pero sobre todo   los políticos, acerca la necesidad de trabajar juntos.

Así como de las exigencias que los cambios económicos actuales reclaman. Dentro de un mundo extraordinariamente complejo, lleno de peligros y frente a una administración norteamericana, que se ha propuesto llevar la política de Estados Unidos, a su periodo de poder absoluto, lo cual se ha expresado en la consigna “América para los americanos”. Y que en el caso de Cuba ha significado un activo retroceso de lo que se había logrado en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, durante la administración de Barack Obama.

La importancia de la teoría

No es difícil en un país, incluso, como el nuestro, escuchar aun frecuentes diatribas en contra de la teoría. Me pregunto, ¿de qué modo podremos llegar a ser un “país de hombres de   ciencia”, si menospreciamos la teoría? ¿De qué modo podríamos llegar a obtener una “cultura general e integral”?

Hasta que no sea superada esa disfuncionalidad cultural, no seremos un país realmente culto, ni tampoco, definitivamente, de hombres de ciencia. Pues este resulta el precio a pagar por tantos años de subdesarrollo, a pesar de todo lo que se ha avanzado. A pesar de lo tan tempranamente que nuestro máximo líder Fidel castro, dijo que, “el futuro de nuestro país debía ser un futuro de hombres de ciencia”.

 Es que, científicamente hablando, siempre será más importante hallar el camino del conocimiento, que el conocimiento mismo. Aunque se trate de procesos que no pueden ser separados. Y la teoría desempeña un papel de primer orden en ello.

Es que la ciencia, entre otras de sus funciones fundamentales, debe ser capaz de construir modelos de interpretación de la realidad, siendo esa precisamente su principal tarea.

La ciencia no puede ser una bitácora de hechos recogidos al azar, que no indiquen ningún camino para la interpretación de la realidad y de sus movimientos futuros. La ciencia tiene que predecir. Tiene que ayudarnos a visualizar el futuro; de lo contrario para que la queremos. Si no es para adelantarnos a lo que pudiera ocurrir, en todos los planos de la vida social y cultural. Asunto, por demás, de vida o muerte para un país como Cuba.

Pero, a pesar de complementarse, existen diferencias objetivas básicas, entre la teoría de las ciencias sociales, la academia y la práctica política.

El asunto es   que debemos distinguir, entre el especialista que busca lograr una comprensión teórica de los fenómenos formulando generalizaciones y proyecciones acerca de su comportamiento político, basándose en un alto nivel de probabilidad; y el encargado de tomar decisiones, para lo que se ve obligado a elegir cursos de acción inmediato.

Es que el encargado de trazar políticas se preocupa por los detalles sutiles, los valores, las fuerzas y las preferencias que operan dentro de una situación particular, formada por toda su realidad existencial; más por la abstracción o la probabilidad.

Mientras que el teórico social, quiere concentrarse primordialmente en aquellos elementos comunes a muchas situaciones. Observando los hechos históricos a largo plazo, para extraer del pasado, la comprensión de los hechos del presente y la predicción de sus comportamientos futuros.

Por lo que no es posible escribir un artículo, como el que ahora nos ocupa, sin mencionar al Cro. Fidel Castro.

En cierta ocasión, impartiendo conferencias sobre Cuba, en los Estados Unidos. Alguien afirmo, que “Fidel en política era un genio, pero que, en economía, era un out, vestido de pelotero”. Le respondí entonces: “dígame, mencióneme un líder en el mundo, un país, que, en las condiciones de Cuba, bajo el bloqueo más feroz, por parte de la mayor y criminal potencia imperialista, haya podido sobrevivir, también económicamente, como Cuba, No existe esa persona. Fidel ha tenido que dirigir a Cuba y su economía, como no lo ha tenido que hacer nadie en el mundo. Y tanto Cuba, como su economía, han sobrevivido. Fidel es un genio de la supervivencia económica, de la economía y también de la política.”

No podemos olvidar, quien fue Fidel Castro. Muchos decían y yo lo creo, que viajaba al futuro y volvía para contárnoslo; o que era capaz de mirar y ver, al doblar de la esquina.

Fue Un hombre que tuvo la capacidad de planear el futuro de la ciencia en Cuba; porque cuando estábamos literalmente, muriéndonos de hambre, tuvo la valentía y la capacidad de utilizar recursos para construir casi todos los centros de investigación que hoy poseemos.

Es que, en nadie como Fidel, ciencia y política, lograban una simbiosis tan perfecta. Creo que se trataba, del espíritu visionario de José Martí que llevaba dentro.

 Fidel fue capaz siempre, de adelantarse a lo que los yanquis querían hacernos y trazaba la estrategia para vencerlos. Pronostico Girón, la derrota, como cuando dijo “tírenle a los barcos”, lo que sirvió para cortarles la retirada a los mercenarios. La Crisis de Octubre, para la que formulo pautas, que, de haberse seguido, la crisis hubiera terminado de otro modo. Pronostico la caída del Campo Socialista. Llegaba a los lugares, antes de que los ciclones azotaran. Como fue, por ejemplo, una vez, el caso de Pinar del Rio; aunque el ciclón dio una recurva y entonces la gente decía, que el ciclón   le había cogido miedo a la actitud desafiante con que Fidel lo estaba esperando.

Sin la capacidad de pronosticar los acontecimientos que tenía Fidel Castro, de la cual nos imbuía a todos, estoy seguro que la revolución cubana no hubiera sobrevivido. Pue se adelantó a casi todo, desde los conflictos internos, como los   del sectarismo en sus dos etapas; absolutamente a todo   lo que pudo habernos hecho un daño irreparable y haber dado al traste con la revolución cubana.

Finalmente, antes de irse físicamente, en su concepto de revolución, nos dejos un legado inconmensurable, que estamos obligados a seguir, si queremos superar esta difícil “encrucijada” en que hoy nos encontramos.

El encargado de trazar política, invariablemente, quiere información detallada acerca de aquellos elementos que son únicos respecto al curso que tiene entre las manos.

Los énfasis están determinados, por la posición de cada uno ante la realidad; sobre todo, en cuanto a las urgencias con que se debe operar dentro de ella.

El político, más apresurado, por dar respuestas a la coyuntura; el científico, con más relativo tiempo para el análisis, pero acicateado por el necesario avance de la ciencia. Fidel, fue capaz de captar esa dialéctica. Y por eso aún estamos aquí. Fidel fue el único líder, en el cual ciencia y política, emergieron en una simbiosis perfecta.

Estos énfasis, del científico y el político profesional, no alteran la necesidad de que cada uno intente apreciar las modalidades de conocimiento que le son peculiares para ambos. Púes ninguno puede permitirse el lujo de desestimar el conocimiento generalizando o particularizando. Ninguno de los dos puede operar olvidándose del otro. Pues ambos se complementan objetivamente. Es decir, al margen de sus mutuas voluntades y sus acciones, responden siempre a un contexto político.

Los teóricos académicos apuntan hacia la comprensión de los fenómenos; los políticos prácticos deben elegir cursos de acción. Los primeros intentan prescindir de los acontecimientos de todos los días, los segundos no pueden hacerlo.

Al teórico le urge buscar, no ya lo excepcional, sino lo general y sacrificar las descripciones detalladas del caso aislado, en favor de los modelos más amplios y abstractos que abarquen muchos casos. El teórico, además, debe estar dispuesto a tolerar las ambigüedades y a enfrentarse con probabilidades, haciéndolo más, que con certidumbres absolutas.

Se debe dar riendas sueltas a la imaginación, para tratar con ideas poco comunes, incluso a veces, al parecer absurdas, que nos puedan llevar a reflexiones sobre asuntos antes impensados. Estando siempre dispuestos a la aceptación de que podamos estar equivocados.

Entonces, al adentrarnos en la teoría, esta debiera permitirnos predecir algunos fenómenos, al menos, ayudándonos también a llegar a ciertos juicios de valor respecto a ellos.

“Una teoría, tal y como la concebimos, será entonces una herramienta intelectual, que nos ayuda a organizar nuestro conocimiento, formular preguntas significativas y guiar la formulación de prioridades, tanto en la investigación, como en la selección de métodos para llevarla adelante de manera fructífera.” (Dougherty- Sfaltzgarff. P.26).

Esta teoría, por supuesto, estaría en capacidad de suministrar un marco para evaluar las recomendaciones políticas explicitas o implícitas, que abundan en todas las ciencias sociales y humanísticas. Por lo cual, los políticos tampoco pueden prescindir de ella. Porque, en última instancia, un político dotado de las capacidades necesarias, es también un científico.

A partir de la filosofía de la ciencia, una teoría también se define como una construcción simbólica, una serie de hipótesis interrelacionadas, definiciones, leyes, teoremas, axiomas, variables y constantes; planteándose un enfoque sistémico de los fenómenos y presentándonos una serie de proposiciones o hipótesis que especifican las relaciones entre variables y constantes, a fin de presentar explicaciones y hacer predicciones acerca de los fenómenos futuros.

Por supuesto, las ciencias matemáticas, servirían aquí de idóneo instrumento, aunque no, de simple pincel de representación, sino para operar con ellas, sobre la base de descubrir en el objeto de estudio seleccionado, los algoritmos, funciones y relaciones, biunívocas o no, que nos permitan trazar el modelo de la investigación, elaborar las hipótesis y arribar a conclusiones aceptablemente fundamentadas.

La Habana, Mayo 25 del 2018