lunes, 18 de junio de 2018

CONSTITUCIÓN PARA HOY Y MAÑANA

Jorge Gómez Barata

La tradición constitucional cubana cultivada desde las constituyentes de las repúblicas en armas en el siglo XIX (4), profundizada en dos textos elaborados y aplicados en la época republicana y la Constitución Socialista vigente, aseguran que los trabajos en marcha para disponer de una nueva Carta Magna concluyan brillantemente. Personalmente no espero otra cosa. 

Entre las virtudes deseadas en las constituciones, figuran su naturaleza consensuada, la capacidad para garantizar la estabilidad política del estado y sus instituciones, asegurar la cohesión social y auspiciar el progreso del país y sus ciudadanos. La Constitución es como un zurrón que nos envuelve y protege sin ninguna exclusión.

Un elemento de trascendental importancia en cualquier constitución es su proyección en el tiempo, cualidad virtualmente ausente en el Nuevo Mundo, donde la única que ha soportado la prueba del tiempo es la de Estados Unidos que, aunque enmendada en 26 ocasiones, ha permanecido vigente durante 219 años.

La mayor carencia estructural de la política latinoamericana es la debilidad de sus instituciones estales y jurídicas, que en ningún país lograron prevalecer sobre el caudillismo, el autoritarismo y las oligarquías y sirvieron para enmascarar republicas cooptadas por un trípode de fuerzas conservadoras constituidas por generales y coroneles, terratenientes y el clero, a lo cual se sumó la burguesía dependiente del capital extranjero y afín al imperialismo.

La debilidad institucional latinoamericana se expresó ante todo en el irrespeto a las constituciones, constantemente derogadas o reformadas por oligarcas y políticos venales, que llegaban al poder mediante elecciones fraudulentas o golpes de estado. Eso explica la poca edad de las constituciones iberoamericanas que, excepto la de México (1917), ninguna ha llegado a un siglo.

Incluso Cuba, cuyo recorrido republicano es más breve, no pudo sustraerse a la volatilidad de sus constituciones. En 58 años de vida republicana (en el sentido convencional) tuvo dos constituciones, la de 1901, redactada y aprobada bajo la ocupación de Estados Unidos que estuvo vigente durante 39 años y la de 1940 un texto, más completo y avanzado, que fue producto de circunstancias revolucionarias y que, no obstante, sus valores intrínsecos, rigió por apenas 12 años al ser derogada en 1952 por el golpe de estado de Fulgencio Batista que depuso al presidente, cerró el Congreso y anuló la Constitución. 

La Constitución más longeva de Cuba es la actual, aprobada en 1976 y que ha estado vigente por 42 años y que convenientemente reformada pudiera prolongar su vida útil, aunque tal vez sea preferible un nuevo texto. En cualquier caso, un elemento de importancia será lograr que sus preceptos se proyecten al porvenir, lo cual obliga a la Comisión Redactora presidida por el primer secretario del Partido Raúl Castro a imaginar cómo pudiera ser Cuba 50 años después.

De aquí a esa época se efectuarán en la isla diez elecciones en las cuales se eligieran otras tantas legislaturas del parlamento e igual número de presidentes. En el supuesto de que todos se reelijan, serán cinco. Lo más probable es que alguno de los electores y presidentes de entonces, aun no hayan nacido. Sin embargo, tales elecciones se realizarán bajo reglas y preceptos definidos hoy.

No hay manera de saber cómo será la Cuba de entonces y es difícil imaginar el perfil y la proyección de los políticos, diputados, ministros, coroneles y generales de entonces.

Lo que podemos hacer es crear y cultivar normas y prácticas institucionales, tan razonables como inflexibles y eficaces, capaces de garantizar que la nación será gobernada y conducida con probidad y buena fe por servidores públicos que merezcan la confianza de la mayoría de los lectores. No es posible evadir tal responsabilidad. Allá nos vemos.

La Habana, 15 de junio de 2018

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El presente artículo fue publicado por el diario ¡Por Esto! Al reproducirlo citar la fuente